Mis papás esperaban, como una ley fundamental de la naturaleza, que cuando entrara en la ESO (o lo que haya cuando me toque a mí) toda la educación medianamente aceptable que me hubieran dado se iría al garete; entre otras cosas, el gusto por los libros y la lectura. Lo que no esperaban es que eso ocurriera a los ¡ocho meses!:
¡Que es broma!. La verdad es que me gustan mucho los libros (aunque algunos tienen un sabor un poco raro; será el cartón) y me pongo muy contenta cuando mi mamá me va a leer un cuento, pero una mala tarde la tiene cualquiera.