Hemos estado unos días en Matalascañas, devolviendo la visita que mis primitos nos hicieron en Zahora.
Son dos playas muy distintas. En Matalascañas hay un mar de agua y otro de gente. Literalmente.
Pero la playa es tan enorme que no siente uno falta de espacio. Mi papá opina que en estas playas hay tanta gente porque son muy buenas: tienen un aparcamiento grandísimo a pocos metros; duchas; un paseo marítimo con numerosos bares, tiendas, restaurantes,...

En Zahora, por contra, solo hay una carretera por la que malamente cabe un coche para llegar a la playa; poco aparcamiento; un par de chiringuitos y el clima. Si te hace levante, no puedes estar en la playa (a nosotros solo nos hizo dos días; incluso así fuimos a bañarnos. Mi mamá decía: "No hace tanto aire, ¿verdad?". "No, no", respondía mi papá, mientras esquivaba la nevera de los vecinos, que había salido volando). Pero lo que para unos es el inconveniente, para otros es la ventaja. Lo mejor es hacer como nosotros: poder pasar unos días en los dos sitios.
En Matalascañas se formaban unos pequeños lagos al bajar la marea en los que nos lo pasamos muy, pero que muy bien.





En Zahora, por contra, solo hay una carretera por la que malamente cabe un coche para llegar a la playa; poco aparcamiento; un par de chiringuitos y el clima. Si te hace levante, no puedes estar en la playa (a nosotros solo nos hizo dos días; incluso así fuimos a bañarnos. Mi mamá decía: "No hace tanto aire, ¿verdad?". "No, no", respondía mi papá, mientras esquivaba la nevera de los vecinos, que había salido volando). Pero lo que para unos es el inconveniente, para otros es la ventaja. Lo mejor es hacer como nosotros: poder pasar unos días en los dos sitios.
En Matalascañas se formaban unos pequeños lagos al bajar la marea en los que nos lo pasamos muy, pero que muy bien.
El sábado nos juntamos allí un montón de gente: además de nosotros, mis primitos y mis tíos Fred y Emilia, estaban mi abuelo Juan, mis abuelos Manuel y Asunción, mi tita Ana, mi tito Dioni y Carmen, una amiga de mis papás, y su hermana (que tienen la suerte de vivir en Matalascañas; bueno, entre Matalascañas y Sevilla).






Mi papá dice que no está tan gordo como en las fotos; o que no estaba. Lo que ocurre, según él, es que al operarle el ombligo le metieron demasiada malla o se dejaron algo dentro. A juzgar por el tamaño, se debieron dejar el balón de baloncesto con el que se relajan los cirujanos entre operación y operación. ;)
Mi papá dice que no está tan gordo como en las fotos; o que no estaba. Lo que ocurre, según él, es que al operarle el ombligo le metieron demasiada malla o se dejaron algo dentro. A juzgar por el tamaño, se debieron dejar el balón de baloncesto con el que se relajan los cirujanos entre operación y operación. ;)