Por la mañana, todavía amenazando lluvia, fuimos a la Casa Hermandad de la Humildad. El Jueves Santo por la mañana imponen la medalla de la Hermandad a los nuevos hermanos, entre ellos, yo. Fuimos con Jose, Mª Cruz y los niños y mi abuela Asunción.
Por la noche, menos mal que ya no llovía. Salimos todos a ver la cofradía, muy arreglados y yo con mi traje de nazareno.
Nos pusimos a verla pasar en la calle Ancha.
Yo estaba muy atenta, ya que todo era nuevo para mí: la música, los olores, las luces,...
Todo el mundo se paraba y me decía lo guapa que estaba vestida de nazareno. Nos encontramos también con María, la hija de Mari, que era la encargada del incienso:
Fue un día muy bonito, aunque al final ya estaba muy cansada y me puse a llorar un poquito (bueno, bastante tirando a mucho) y tuvimos que volver un poco precipitadamente. Yo es que a partir de las ocho de la tarde ya no me tengo en pie...