domingo, 28 de septiembre de 2008

Mi primera "Romería"

Cuando llegó la Romería del año pasado yo no tenía ni un mes y mis papás pensaron que el campo no era el mejor sitio para mí. Este año tampoco pensaban ir, pero sí querían llevarme a verla salir, porque saben que me encantan los animales, entre ellos los caballos. Pero no ha podido salir a causa de la lluvia. Entonces los romeros se han trasladado al recinto ferial a refugiarse bajo las casetas (en Mairena, después de años de experiencia, hemos hecho una Feria con casetas a prueba de lluvia), lo que nos ha permitido ir a dar una vuelta a buscar el tercio de mis titos Dioni y Laura, que estaban también con la prima Mª José.

Se han instalado en la caseta de Toñi, de la que ella tenía la llave. Hemos estado comiendo y bebiendo (y yo con mis eternos potitos. ¡Pero si ya tengo seis dientes!). Bueno, hasta las cuatro de la tarde, cuando les he dicho a mis papás que quería dormirme un poco, pero en mi cuna.


Mis papás se han venido a regañadientes, pero gracias a la lluvia han podido salir un poco (por irónico que parezca) y yo he podido asistir a mi primera "Romería".


Mis bisabuelas

Ayer 27 de septiembre fue el cumpleaños de mi bisabuela. "¿Cuál de ellas?", diréis. Sí, porque por fortuna tengo dos bisabuelas. Pues la bisabuela Concha. "¿Pero cuál de ellas?", repetiréis. Es que las dos se llaman Concha. Vale, dejo de bromear. La abuela Concha que es la madre de mi abuelo Juan.


Fui con mamá a llevarle un regalito. Mi mamá creía que su cumpleaños era el viernes 26, pero al preguntárselo a mi abuelo, no estaba seguro del día. Incluso mi bisabuela pensaba que era el 26. ¡Al final hubo que mirar la fecha en su dni!. La pobre está en cama desde hace tiempo sin poder moverse y a veces le falla la memoria. Pero nos reconoció a todos fácilmente. Incluso sabía que cumplía 86 años.

A mi otra bisabuela, Concha también, le llamamos Mama (sin acento), con lo que no hay confusión. Así decimos "voy a ver a Mama Concha" o bien "voy a ver a la abuela Concha", según nos referimos a una y a otra.

Aquí tenéis a la Mama Concha conmigo el día que salía de nazarena (yo, no ella).


Junto con mi Mami Lolita, cuatro generaciones de Barreritas. ¡Tenemos a mi papá rodeado!


Actualizado (21-10-08). Aquí tenéis una foto más actual de las tres. Parece que yo soy la única que ha cambiado, ¿verdad?.


miércoles, 24 de septiembre de 2008

Esto ya es andar

Después de mis primeros y dubitativos pasos, se puede decir que ya ando, a la misma velocidad que aumenta mi colección de porrazos, chichones, tropezones,... En fin, los daños colaterales (1 min. 9 seg.).



lunes, 15 de septiembre de 2008

Pero, ¿no se había acabado el verano?

En nuestra familia, con mi cumpleaños damos por terminada la temporada estival (aunque no llegue hasta el 21 de septiembre, astronómicamente hablando). Lo que ocurre es que (lo pongo en forma de matemáticas, que siempre resultará más fácil entenderlo así):

Mis papás no trabajaban tenían que ir a trabajar el viernes
+
Mi tito Alberto está trabajando en Rociana, a pocos kilómetros de Matalascañas
+
Mi tita Irmina (su papá) tiene una casa en Matalascañas (en la que veranean mis primitos)
+
Mis titos están viviendo en la casa de Matalascañas
+
Mis titos se quedan un fin de semana y nos invitan a ir con ellos
=
Largo fin de semana en la playa


Así que a sacar los bañadores de nuevo.

Mucha gente dice que no le importaría coger sus vacaciones en septiembre, que se está más tranquilo, que en julio y agosto hay demasiada gente. Es cierto, pero quizás demasiado tranquilo.

El jueves por la tarde fuimos a dar un paseo por la playa: mis papás. mis titos, Trufa y yo.


Si habéis visto las fotos de Matalascañas este agosto pasado, pues si no es por el tapón, parece que estamos en otro sitio.


Incluso había unos novios haciéndose un reportaje fotográfico. No sé si en pleno verano los novios también vienen, pero si lo hacen, no estarán tan tranquilos como en estas fechas.


¡Qué despistada!. ¡No os he presentado a Trufa!. Trufa es la perrita de mis titos. Un perro de agua de Ubrique (de donde parece que es originaria esta raza), muy buena y cariñosa.


Tiene unos seis meses. Al igual que yo, Trufa llora un poquito por las noches, cuando la dejan sola. Ella camina mejor que yo y tiene más dientes, pero todavía no dice nada.

Volviendo a la playa, el viernes comimos en un chiringuito a las tres de la tarde ¡y había sitio libre!. El problema es que otros muchos ya estaban cerrados y era un poco triste. Como todo, veranear en septiembre tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

El sábado vino mi abuelo Juan y se quedó con nosotros hasta el domingo. Mis titos fueron a una boda ese sábado por la noche. ¡Qué casualidad!: la boda es de un amigo de Mairena, pero la novia es de un pueblo de Huelva, Villalba del Alcor (¿otra casualidad?), donde se celebró, con lo que les resultó más cómodo ir desde Matalascañas que desde Mairena.

El domingo fuimos al Museo del Mundo Marino, en Matalascañas. Mis titos no nos acompañaron por que el Museo cierra antes de las ocho de la tarde.


Me lo pasé muy bien con mis papás y mi abuelo Juan. ¡No todo en las vacaciones va a ser tomar el sol e irme de discotecas!.


Hoy, cuando estábamos viendo un vídeo de Baby Einstein, mi papá me dijo: "¡Mira, qué bonito!. ¡Un delfín!. ¿Te acuerdas que lo vimos ayer?". "Sí papá", le contesté. "Es un delfín mular, o Tursiops truncatus". "Vaya, hija. Pues sí que estabas atenta a mis explicaciones", respondió mi papá. "¡Qué pena que esa facultad desaparezca del ser humano a los trece años!". Pobrecito mi papá. Se nota que ya lleva un día de clases.


martes, 2 de septiembre de 2008

Y así fue la celebración

¡Qué divertido!. ¡Cuánta gente!. ¡Cuántos regalos!.

Vale. Voy a tranquilizarme un poco. ¡Es que fue tan emocionante...!. Lo primero que necesitábamos era un lugar para la celebración, así que mis papás arreglaron la cochera y adornaron la entrada con luces, guirnaldas de papel y globos. Tan sencillo como bonito.


Compraron comida y bebida y una preciosa tarta de Campanilla con mi nombre.


La gente empezó a llegar sobre las ocho de la tarde (cuando se podía respirar un poco en la calle) y me daban los regalos. Ahora tengo un montón de ropita nueva, de libros y de juguetes.

Cuando ya estaban todos encendimos la vela de la tarta y me cantaron el Cumpleaños feliz y apagué (con ayuda) la velita. Tantas semanas ensayando cómo soplar y al final me tienen que ayudar. En fin, los nervios. Ya os imagináis.






Luego se quedaron un rato comiendo las chuches (los niños y algunos mayores) y tomándose unas copitas (los mayores y algunos niños) y a eso de las diez...todo el mundo empezó a despedirse. Claro. Es lo que pasa con una fiesta de niños con padres tan estrictos: que no nos dejan recogernos nada pero nada de tarde.

¡Qué rápido pasa el tiempo!.