martes, 2 de septiembre de 2008

Y así fue la celebración

¡Qué divertido!. ¡Cuánta gente!. ¡Cuántos regalos!.

Vale. Voy a tranquilizarme un poco. ¡Es que fue tan emocionante...!. Lo primero que necesitábamos era un lugar para la celebración, así que mis papás arreglaron la cochera y adornaron la entrada con luces, guirnaldas de papel y globos. Tan sencillo como bonito.


Compraron comida y bebida y una preciosa tarta de Campanilla con mi nombre.


La gente empezó a llegar sobre las ocho de la tarde (cuando se podía respirar un poco en la calle) y me daban los regalos. Ahora tengo un montón de ropita nueva, de libros y de juguetes.

Cuando ya estaban todos encendimos la vela de la tarta y me cantaron el Cumpleaños feliz y apagué (con ayuda) la velita. Tantas semanas ensayando cómo soplar y al final me tienen que ayudar. En fin, los nervios. Ya os imagináis.






Luego se quedaron un rato comiendo las chuches (los niños y algunos mayores) y tomándose unas copitas (los mayores y algunos niños) y a eso de las diez...todo el mundo empezó a despedirse. Claro. Es lo que pasa con una fiesta de niños con padres tan estrictos: que no nos dejan recogernos nada pero nada de tarde.

¡Qué rápido pasa el tiempo!.