¿Os acordáis de mis clases de matemáticas?. No pensaréis que se pararon allí, ¿verdad?. Estoy descubriendo todo un mundo más allá del tres. La cosa continúa a buen ritmo: mis papás creen que para el verano ya podríamos ir por el once o el doce, por lo menos.
sábado, 25 de octubre de 2008
martes, 21 de octubre de 2008
Mi primer corte de pelo
Cuando alguien, como yo, tiene 14 meses escasos, casi todo lo que tiene que contar empieza por "mi primer ...". Esta vez le toca al pelo. En realidad solo es un corte de flequillo, que ya estaba un poco largo. Así que el domingo pasado llamamos a la prima Sole. Mi mamá, previendo grandes dificultades para tal evento, se encargó de reunir un numeroso grupo de personas; incluso a la Guardia Civil (no es broma: estaba allí Francisco, el novio de la prima). Después de todo, no fue tan dramático y me porté relativamente bien. En tres minutos, ya estaba lista. Mi papá me dice que poco a poco ese tiempo se irá incrementando con la edad, hasta que me ocurra como a mi mamá, que cada vez que va a la peluquería son cinco o seis horas ;).
Este es el resultado final, con la cara un poco más despejada (la línea roja que tengo en la nariz y el labio no tienen nada que ver con el corte de pelo: es la señal que deja un golpe con una pata de la mesa del salón. Cuando mides 76 cm, todo lo que queda a la altura de tu cara son esquinas, patas de mesas y esas cosas):
No fui la única que se peló el domingo. Mi tito Alberto y su perrita Trufa, que ya os presenté en septiembre, también, pero al cero. Parece que mi tita Irmina cogió la maquinilla, y ¡zas!: todo el que aparecía por allí, rapado. Mi tito Alberto dice que esa perra hace las mismas cosas que la Trufa, pero que no es la Trufa. Desde luego, sí que parece otra.

domingo, 19 de octubre de 2008
miércoles, 15 de octubre de 2008
El mando a distancia
Me encantan todos los mandos y teléfonos, con todos esos botones y pantallitas. Mi mamá, cuando se dio cuenta, me compró uno especial para niños, de colores y ruiditos, pero no le hice demasiado caso: tenía demasiados colorines. Cuanto más negro o gris, más me gusta a mí.
Pues resulta que, por efecto de la gravedad (y en parte por efecto mío; reconozco mi culpa), los mandos están frecuentemente en el suelo; tanto que empiezan a funcionar un poco, digamos, mal. Así que mi papá se ha buscado un nuevo mando a distancia, que tampoco funciona demasiado bien, pero no por la electrónica machacada, sino por que no le hace mucho caso (a veces) (a veces sí le hace caso, quiero decir) (1 min. 36 seg.)
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