Me encantan todos los mandos y teléfonos, con todos esos botones y pantallitas. Mi mamá, cuando se dio cuenta, me compró uno especial para niños, de colores y ruiditos, pero no le hice demasiado caso: tenía demasiados colorines. Cuanto más negro o gris, más me gusta a mí.
Pues resulta que, por efecto de la gravedad (y en parte por efecto mío; reconozco mi culpa), los mandos están frecuentemente en el suelo; tanto que empiezan a funcionar un poco, digamos, mal. Así que mi papá se ha buscado un nuevo mando a distancia, que tampoco funciona demasiado bien, pero no por la electrónica machacada, sino por que no le hace mucho caso (a veces) (a veces sí le hace caso, quiero decir) (1 min. 36 seg.)