Casi un mes más tarde hacemos balance de las vacaciones. Tiene su explicación. Veréis: entre los bienes y los males (que de todo ha habido, y mucho) unas vacaciones así son muy pequeñas; no da tiempo a nada.
Empecemos.
Las vacaciones de Navidad empiezan en casa pues cuando empiezan las vacaciones de los escolares: el viernes antes de la Nochebuena. Ya sé que yo no voy al cole todavía, pero mis papás sí. Además coincide con la llegada de mis primitos.
Mi mamá me vistió de pastorcita el día de Nochebuena y así bajamos a ver a mis abuelos.




Yo quería bajar en coche, llevando a mi amiguita Carmen, que vive justo en frente nuestra, pero mi papá se negaba. Y eso que yo insistía: ¡Pero si sé llegar con los ojos cerrados!. Ni así. ¡Qué papá más
malaje!.


Mi abuela Asunción llegó al poco tiempo con la sorpresa de que le había tocado la cesta que rifaban en la tienda. Yo, al verla, salí disparada a ella, gritando: "¡jamón, jamón!" (mis papás me están dando una educación exquisita; nótese que no digo: "¡mortadela, mortadela"!. Bueno, en la cesta tampoco había mortadela).


El día de Navidad mis primitos Thomas y Ana se vinieron a dormir a casa. Es muy divertido pero queríamos hacerlo más aún. Mis primitos intentaron dormir conmigo en la cuna pero mis papás nos pillaron. ¡Cada uno a su cama!.


Por la mañana desayunamos y yo no me separaba de mi primita. ¡Me encanta su pelo!.




El 27 vinieron a casa unos amigos de mis papás: mi tita Lola, Juan, Manolo, Mary y Jesús, Marta y su marido. Nos lo pasamos muy bien. Manolo, que es un artista, sacó su guitarra y estuvimos toda la tarde cantando villancicos.




Pero a partir del día 30 las cosas se empezaron a torcer y de qué manera. Mi primito Pablo ya llevaba varios días con vómitos y diarreas y yo, nada más levantarme, empece a vomitar lo poco que me quedaba en el estómago. En definitiva, una gastroenteritis como
la de la otra vez. Seis días sin comer nada. No es cierto: sólo comía
aspitos. Creo que esto me salvó. Parece que fue incluso más seria, pero al ser mayor, pude resistir mejor. Pero tuve que ir dos veces al hospital, aunque esta vez no me quedé allí.
Así que el día de nochevieja estábamos acostados a las 12 y media. Record absoluto. La verdad es que nadie estaba animado viéndome a mí tan triste y decaída.
Esa semana casi no pude ver a mis primitos y justo cuando yo estaba recuperándome, empezaron a caer en la familia: mi abuelo Juan, mis titos Irmina y Alberto, mi papá, mis abuelos Manuel y Asunción, mis titos Dioni y Laura... Todos salvo mi mamá y mi mami Lolita. ¡Qué fuertes las
barreritas!.
El día de la cabalgata de los Reyes Magos mi papá hizo un esfuerzo y fuimos a dar, literalmente, una vueltecita. Nos tuvimos que volver porque, en Mairena, mucha
biblioteca y parques y
pabellones pero no se les ocurre poner unos servicios en cada esquina.
Al día siguiente ya estaba mejor y pudimos ver la cabalgata del barrio.


Nos movíamos en un radio de tres calles en torno a la nuestra. Así, en caso de "emergencia" podíamos volver en unos segundos. Pero no hizo falta. Cogimos un montón de balones y juguetitos.
Sin embargo, mi papá estuvo tres días más en cama, mientras yo me iba recuperando poco a poco.
Mi mamá repite mucho un dicho que dice que dicen los gitanos, que no quieren buenos principios para tener buenos finales (mi papá se acuerda de otro gitano que iban a ahorcar un lunes y decía: "¡anda que hemos empezao bien la semana!"; éste no creo que la terminara muy bien). Esperemos que así sea, pero que es que el final del 2008 no ha sido muy bueno que digamos...