jueves, 10 de septiembre de 2009

La boda de la prima Sole

Y ahora, el turno de la prima Sole y Francisco.

Después de varias semanas de preparación de la casa y del estrés de los últimos días (que si falta que venga el fontanero; que no se han colgado las macetas; que las cortinas del dormitorio están cortas, o largas; que no da tiempo;... como en todas las bodas, vamos), después, decía, viene la parte buena. Por lo menos para los invitados, que no sé yo lo que piensan los novios, con los nervios y esas cosas.

La ceremonia se celebró en el Castillo. Estaba en obras, por lo que tuvimos que entrar por la puerta principal, que, como su nombre indica, es por la que nunca se entra. Es mucho más bonito por ahí, aunque tuvimos que subir la pequeña cuesta en procesión.


Si te casas en septiembre es probable que te llueva, aunque lo habitual es que haga un calor que no se distingue del de agosto. En esta ocasión ocurrió lo habitual. Como era mediodía, la gente iba buscando la sombra.


Como viene siendo costumbre en las bodas de la familia, mi mamá dedicó unas palabritas a los novios que arrancaron muchas risas. Es lo que ocurre cuando conoces muchas intimidades de uno de los novios (de la Sole, no de Francisco, claro).


Después nos fuimos a Los Miradores, que se está convirtiendo en un salón de celebraciones habitual de las barreritas.


Al final, pues baile, copitas y esas cosas. Incluso yo. Aunque no sé que tipo de baile es este: