Ayer estuvimos en Sevilla celebrando el quinto cumpleaños de mi amiga Alejandra. Cuando volvíamos, mi mamá, muy previsora, calculó que llegaríamos a casa un poco tarde y, muy probablemente, conmigo dormida (cosa que ocurrió). Así que propuso cenar en un restaurante chino que nos cruzamos de camino al coche. Mi papá, para animarme, me dijo: "¡Qué suerte, vamos a comer en un chino de Sevilla", a lo que yo contesté, quejándome: "¡Noooo, yo quiero comer en un chino del Betis!"
Eso es afición.
Eso es afición.