martes, 25 de noviembre de 2008

De excursión por Sevilla

El domingo nos fuimos a dar una vuelta por la capital. En un radio de pocos metros había una exposición de Rodin al aire libre, una feria del libro antiguo y una exposición y venta de artículos para belenes (amén de decenas de bares, que también deben englobarse en la llamada "oferta cultural"). Ya se respiraba el ambiente de Navidad, a pesar del calor que hacía.


La verdad es que no pudimos disfrutarla completamente porque mis papás, después de año y pico, aún tienen ciertos fallos en la organización para tales eventos (por la poca práctica, dice mi mamá; por eso hay que salir más, insiste). Llegamos a la una, que es cuando tengo que comer, y resulta que las casetas de los libros cerraban a las dos, que es cuando comen ellos (¿pero por qué tienen que comer?. ¿Es que no pueden aguantar hasta las ocho o nueve de la noche?, dijo un par de veces mi papá, algo contrariado). En fin, por ese motivo, y porque no me gustaba estar parada mucho tiempo (ni poco) delante de un montón de libros viejos sin dibujitos, dimos un más que ligero repaso. Como van a estar algunas semanas más, procuraremos volver otro día, pero a una hora sin conflictos con las necesidades alimenticias de nadie.


Después dimos unas vueltecitas, nos tomamos nuestras copitas y volvimos a media tarde. A pesar de no estar mucho tiempo por allí, fue un paseo muy agradable.


P.e.: ¿Habéis visto qué buenas fotos?. Me refiero a su resolución, no a su calidad artística; por que en eso, mi papá... en fin. Lo digo porque están hechas con el nuevo móvil de mi mamá. Nuevo por que el otro ha pasado a mejor vida debido en parte (y en todo) a los golpes que se ha llevado cuando lo dejaba caer. Los mandos de las teles aún resisten (aunque algunos empiezan a fallar) pero ya se lo dijeron a mi mamá en la tienda: los móviles están diseñados para que duren un par de años como mucho. ¿Se refería a un móvil en manos de un niño o a todos en general?.