Ahora sí vamos con los santos. Esta vez nos hemos saltado La Borriquita porque nos vinimos el miércoles de la playa para ver El Cautivo, que este año sí pudo salir. Nada más llegar a la plaza mis papás me tuvieron que comprar un globo y un tambor. Mi papá le comentó a mi mamá que esto no podía ser, que, a ese ritmo, para el Domingo de Resurección tendríamos una orquesta.
El Jueves Santo salí de nazarena -dos años ya- en La Humildad. Ya no hubo más tambores, pero las chucherías no han faltado. Mis papás necesitaron dos cofradías para darse cuenta de que las chucherías me las tenían que dar después de comer.
Como viene siendo habitual desde que salen tan temprano, vimos a Jesús por los pelos. Me puse al lado de los nazarenos a pedirles caramelos y estampitas y realmente tuve mucho éxito.
Además no me asustan nada los tambores y quería que me acercaran a la banda. Aquí estoy con mi primo Roberto, que toca el saxofón.
El viernes, como el año pasado, mis papás me dejaron en casa de mi mami Lolita y salieron solos, pero me cuentan que estaban tan, tan, tan cansados que vieron a la Vera-cruz de refilón y se fueron rápidamente, para poder dormir un poco más que habitualmente.
El sábado conseguimos salir un poco antes y pudimos ver el Santo Entierro con más comodidad. Además coincidimos en la plaza con todos los amigos y sus críos y me divertí mucho correteando por la plaza con todos ellos. Pero más divertido era ver a un papá detrás de cada uno de nosotros, a pocos metros. Peor lo tenían Juan y Ana, ya que al ser mellizos, su papá no sabía en qué dirección correr. El que no pudo estar con nosotros aún es Nicolás. Al ser más pequeño, sus papás no lo dejaban salir sólo. Eso o que su papá no tenía muchas ganas de correr.


Aún tuvimos otra cofradía más este año, el Domingo de Resurección, con el Resucitado. No lleva nazarenos y me gustó menos, ya que nadie daba caramelos.
En definitiva, mis papás han descubierto en mí toda una capillita. Aún voy por la casa con las estampitas que daban los nazarenos, diciéndoles: ¡El Señor! ¡Nazarenos! ¡Tambores! Pero no me preocupa demasiado, porque ya huele a Feria y mis primitos están al llegar. Por cierto, una adivinanza: ¿Qué tienen en común la Feria de Mairena y el chocolate? Y no, no me estoy refiriendo la los Hermanos Pernía.
Aún tuvimos otra cofradía más este año, el Domingo de Resurección, con el Resucitado. No lleva nazarenos y me gustó menos, ya que nadie daba caramelos.
En definitiva, mis papás han descubierto en mí toda una capillita. Aún voy por la casa con las estampitas que daban los nazarenos, diciéndoles: ¡El Señor! ¡Nazarenos! ¡Tambores! Pero no me preocupa demasiado, porque ya huele a Feria y mis primitos están al llegar. Por cierto, una adivinanza: ¿Qué tienen en común la Feria de Mairena y el chocolate? Y no, no me estoy refiriendo la los Hermanos Pernía.