Uno de los múltiples regalos que hemos recibido ha sido un colchón-cama-saco de dormir, por si alguno se tiene que quedar a dormir fuera de casa. Uno para cada uno. Mi primo Pablo, nada más verlo, se quiso acostar en medio del salón, sin inflarlo ni nada. Le insistíamos que esperara a la hora de dormir, pero él decía que no, que ya tenía sueño.
Cuando llegó la hora de la verdad, mis papás nos ayudaron a inflar los sacos y a colocarlos en mi cuarto. Yo estaba muy contenta y mis papás estaban encantados. Como nunca quiero dormir sola, ahora era mi oportunidad. Aquello parecía el camarote de los hermanos Marx.
Al final todo resultó muy bien. Muy bien si exceptuamos que yo no quise dormir en el saco. Cuando mi mamá apagó las luces y vi que iba en serio, empecé a llorar diciendo que no quería dormir allí, pero tampoco en la cuna. Al final me quedé dormida y el resto fue bien. Bien si exceptuamos que, a mitad de la noche, Pablo se despertó diciendo que quería irse con su papá y su mamá. Pero el resto, muy bien. Si exceptuamos que yo me desperté por las quejas de Pablo, y no quería dormirme, y empecé a llorar, y mi mamá me llevó a dormir con mi papá. Pero todo el resto muy bien. Si exceptuamos que mi mamá tuvo que dormir un buen rato en el saco de Hello Kitty para que mi primo Pablo se tranquilizara y se quedara dormido. Pero todo lo demás, perfecto.