sábado, 26 de junio de 2010

... y el principio de otra

Mi papá hace varios años que nota la extremada rapidez con la que le pasan los años, pero cada vez que recuerda que en septiembre entraré en el cole de los grandes siente verdadero vértigo. No para de repetirse: ¿ya?

Para ese momento, hay muchas cuestiones importantes, pero una que nos va a perseguir el resto de nuestra vida es la foto de la matrícula. Esa foto la pegan en el Libro de escolaridad y, aunque ahora nos parezca que ese lacito es encantador o que con esas gafas de pasta y culo de botella estamos graciosísimos, es muy probable que no pensemos así dentro de algunos años. Suele suceder en especial en reuniones en las que se empieza a hablar de lo buenos (o malos) estudiantes que éramos de pequeños y allá que van nuestros padres a por el librito. La discusión sobre las notas da paso a la risa y el escarnio por esa foto que resume todo el paso por el cole.

Así, sabiamente, mi mamá me llevó ancá Amancio a hacerme la foto de carnet. Esta será la foto de mi libro de escolaridad. Seguro que dentro de diez o doce años los comentarios serán del tipo: ¡vaya, tan guapa como siempre!