lunes, 23 de junio de 2008

En el trabajo de mi papá

Hoy era el último día que iban los chavales al instituto de mi papá y tenían una pequeña fiesta (¡por fiiiiiiiiiiin!, gritó al salir, tan fuerte como con el gol de Cesc; aunque con el penalty no le salieron dos lágrimas de alegría). Como mi mamá no tenía que ir hoy a trabajar, lo acompañamos para estar un ratito con él.

Nada más llegar, se lanzó hacia nosotros un grupo de histéricas como si hubiésen visto a Cristiano Ronaldo, gritando ¡Aaaaaaahhhh!. Una chica preguntó: "¿Esta es tu niña?. ¡Qué guapa!. Se parece mucho a tu mujer, pero a ti, nada". "Pues que sepas que tienes dos puntos menos", le respondió mi papá. "Ya se te parece algo más", replicó ella.


Incluso los compañeros de mi papá no paraban de decirme lo guapa que estaba.


Me divertí muchísimo y me parecieron unas alumnas muy simpáticas.


Pero al salir le pregunté a mi papá: "Papá: cuando yo sea mayor, bueno, de esa edad, ¿estaré tan loca como ellas?". "Seguramente, hija mía", me respondió. "Pero no te preocupes. Ocurrirá todo muy despacio y llegará un momento en el que te parecerá lo más natural del mundo decir que nadie te comprende; que todos estamos en tu contra; que por qué tienes que volver a casa a las doce; que por qué no te dejo hacerte un piercing; que por qué no puedes hacerte otro tatuaje; que por qué no puedes quedarte el fin de semana en casa de tu amiga aprovechando que sus padres se van; que por qué no te compro la moto; que para qué sirve estudiar; que bla, bla, bla,..."