Esta pregunta surge en medio de cualquier conversación sobre el mundial, y se hará durante mucho tiempo; por lo menos hasta que ganemos otra y haya que precisar un poco: ¿cuál de ellas?
Pues aquí estaba yo y esto es lo que hice.
Nos levantamos y dimos un pequeño paseo por el barrio hasta coger el metro.
Y fuimos al cementerio. Sí, como leéis. Al cementerio de Père Lachaise, donde puedes comprar un plano para visitar las tumbas de las celebridades que está enterradas allí. Los que no podáis ir por ahora, podéis visitarlo virtualmente aquí.

Nosotros fuimos directamente a ver dos de las más famosas, la de Jim Morrison, que siempre está un poco sucia por los recuerdos que la gente deja allí:
Pues aquí estaba yo y esto es lo que hice.
Nos levantamos y dimos un pequeño paseo por el barrio hasta coger el metro.
Y fuimos al cementerio. Sí, como leéis. Al cementerio de Père Lachaise, donde puedes comprar un plano para visitar las tumbas de las celebridades que está enterradas allí. Los que no podáis ir por ahora, podéis visitarlo virtualmente aquí.
Nosotros fuimos directamente a ver dos de las más famosas, la de Jim Morrison, que siempre está un poco sucia por los recuerdos que la gente deja allí:
la de Monge (bueno, éste sólo lo conocía mi papá)
o la de Champollion, el de la piedra de Rosetta:
Luego fuimos a comer a los jardines de Luxemburgo, donde está la Estatua de la Libertad, la original. Vale, la original está en otro lado y es algo más alta, pero ésta es la que sirvió de modelo para la otra. Visto así, ¿cuál es la original?
La Estatua de la Libertad fue un regalo que hizo Francia a los EEUU para celebrar el centenario de su independencia. Después fuimos al puente Alexander III, que fue un regalo que hizo Rusia a Francia para afianzar sus relaciones, a finales del s. XIX. Antes sí que se hacían regalos en condiciones.
Luego nos dirigimos a Los Inválidos, que sigue siendo un hospital y tiene el museo del Ejército, pero es famoso por la tumba de Napoleón.


Luego nos fuimos a casa porque se acercaba la hora. En nuestro camino no parábamos de ver coches y motos (franceses) pitando, con las banderas de España.



Y luego ocurrió lo que tenía que ocurrir. Y nos quedamos dormidos oyendo pitidos durante toda la noche. Y esa noche estábamos muy orgullosos de ser españoles.