miércoles, 21 de abril de 2010

La Feria

No podía ser de otra manera: después de meses lloviendo, como si en unos días hubiese que compensar los años de sequía, en Feria no iba a ser menos. ¡Qué jartá de agua! Ha sido una Feria... extraña. Mi papá estuvo enfermo el miércoles, con lo que no pudimos ir hasta la noche, para ver el alumbrado. Si sois de los que decís "Bueno, era sólo miércoles", entonces se ve que no nos conocéis. No ir el miércoles es un día menos de Feria.


Mi mamá se puso enferma el domingo, así que no pudimos ir hasta la noche, a ver los fuegos artificiales. Dos días menos. Y en medio de estos dos eventos luminosos, pues a llover. Unos días más y otros días mucho más, con lo que era un poco más costoso encontrarse con la gente. Una vez que entrabas en una caseta era más difícil salir. ¡Qué horror! ¡Socorro, me he quedado encerrado en una caseta durante la Feria y no puedo salir! ¿A que no suena muy terrorífico?

Estoy exagerando un poco, claro. La verdad es que hemos tenido tiempo de disfrutar muchísimo de la Feria, de la familia y de los amigos, que cada vez pasa más tiempo entre una ocasión y otra para vernos. Es una de las cosas buenas de una fiesta así: nadie tiene compromisos fuera y no falta ninguno.


Más fotos de la Feria
aquí